LA ORQUESTA DE LOS DIFUNTOS

Tzintzuntzan, Michoacán

Los encontramos en el viejo camino frente al lago de Pátzcuaro, el que viene de Tzintzuntan. A lo lejos iban, cuesta arriba cargando sus instrumentos. “¡La música!, ellos son los que nos faltan” le dije a Irene. Federico, Jordán y Taudino, la orquesta “Tzipekua”, venían de trabajar de Tzintzuntzan e iban de regreso a sus casas en Tarerio e Ichupio, a 10 kilómetros de distancia.

-“Vienen los días de muertos, ¿tocan ustedes música para esa celebración?”- les preguntamos.

-“No salimos de los panteones durante esos días- contesta Jordán mientras carga el saxofón. “Cuando hay un difunto el primer año después de que lo sepultan, el Día de Muertos vamos a tocar un rato a su casa y luego acompañamos a la familia hasta el panteón. De ahí, cuando ya vamos saliendo, nos hablan de otras tumbas para que vayamos a tocar unas Pirekuas (canciones en Purépecha)”, le dice a Irene.

Mientras platican con ella yo los observo ahí parados frente al lago, la tarde aunque nublada, dejaba escapar algunos rayos muy suaves que pintaban de dorado el pastizal, y ahí ellos caminantes y viajeros llevando la música a cuestas.

—¿Qué se siente tocar para los muertos?, les pregunta Irene. —Está difícil de explicar -responde Jordán-. Es como agasajarlos. Se dice que su espíritu viene y están ahí un rato; por eso no quieren esperarlos con tristeza, sino con música y con alegría. Uno está contento ahí, transmitiéndoles todo el sentimiento mientras los acompaña.

-¿Los llevamos?- preguntamos.
– Gracias, estamos bien así. –responden- Ya el camino ya nos conoce.

Orquesta Tzipekua. Tzintzuntzan, Michoacán, México. 2018

(Foto para Avianca en Revista)

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