mictlantecuhtli

Ciudad de México

Avianca me había encargado retratar los sabores de la Ciudad de México en forma de metáforas. Ese día buscaba el sabor “ácido” y decidí irme hacia el centro histórico, no tenía muy en claro la foto final pero la simple idea de viajar en el metro y bajarme en la estación “Zócalo” ya me generaba ese sabor en la boca. Los que han caminado por esos rumbos sabrán a lo que me refiero: los soldados de todas las iglesias se reúnen ahí para atraer creyentes en el lugar en donde fuera el centro absoluto de la vida religiosa Mexica/Azteca hace cientos de años y que ahora yace bajo nuestros pasos. El olor a hierba quemada por las limpias abunda en el aire, me imagino que es lo que queda del olor de una cultura prehispánica casi extinta. El pobre duerme en el piso mientras que a unos metros el turista se toma una “selfie” para hacerse ver al mundo que no ve. Cuando salí del subsuelo tanto la tarde como la bandera caían, caminé por un rato sólo observando, la jornada para muchos acababa y para otros estaba por iniciar, las historias van y vienen, desaparecen al instante, le quedaban ya pocos minutos al último rayo de sol.

En el paso de cebra lo encontré, cruzamos mirada, duró lo que dura un parpadeo pero fue suficiente para sentir la acidez en el cuerpo. Lo alcancé. “Soy el señor del Mictlán, el de las sombras: Mictlantecuhtli” me dijo. Al fondo la Torre Latinoamericana se asomaba, yo mientras negociaba un retrato con alguien importante antes de regresar ambos al subsuelo.

Mictlantecuhtli. Ciudad de México, 2019.

(Foto para Avianca en Revista)

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